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1/2/2021

Narrativa breve de Valle-Inclán en "El Ruedo Ibérico"

El estilo y el retrato del mundo en “El Ruedo Ibérico” de Valle-Inclán y su comparación con las descripciones de la época.

INTRODUCCIÓN.

Una de las características más notorias vista en literatura es la capacidad de descripción por parte de infinidad de autores a lo largo de la historia. Es simple, la literatura es capaz de transportar al ávido lector que se sumerge en las páginas de cualquier lector a un mundo con una historia que contar, un paisaje que observar y, en definitiva, un universo a la espera de ser descubierto.

No es descabellado afirmar que, a través del tiempo, la concepción de la descripción (ya sea de una persona, de un paisaje, de un instante) ha ido oscilando en distintas concepciones estilísticas e ideológicas. Sin embargo, y este podría ser el aliciente principal para redactar este trabajo, en el momento en el que se lee a un autor tan carismático como es Valle-Inclán, podemos darnos cuenta de la sencillez, a la vez que nos damos cuenta de la complejidad, de las descripciones que nos podemos encontrar en cada una de sus obras. 

Como objetivo principal de este escrito es mostrar al lector el estilo novedoso que existe dentro de sus distintos mundos literarios, además de mostrar la capacidad que tiene este autor de transportarnos a lugares dispares, mostrarnos a personajes carismáticos, y describir situaciones de manera magistral, todo ello comparado con uno de los autores más significativos en tanto en cuanto a descripciones se refiere, y que puede compararse con Valle, como es Benito Pérez Galdós. 

1. EL ESTILO DE VALLE-INCLÁN EN EL RUEDO IBÉRICO: ANTECEDENTES Y ESTADO DE LA CUESTIÓN.

Cualquier persona que haya leído a este autor sabrá que el estilo propuesto por el autor gallego rompe con la narración y descripción convencionales, adelantándose incluso a su tiempo, como menciona Diego Martínez Torrón en Al hilo del ruedo ibérico, Valle-Inclán y su leyenda (2015). A diferencia de lo que proponían los modelos surrealistas, es decir, la exaltación de la imaginación, ruptura de la lógica y búsqueda de la belleza del inconsciente además de la fascinación por la mujer y el resguardo en la imaginación, Valle-Inclán rompe con todo eso, diseñando unas descripciones de la sociedad y de personajes de manera muy meticulosa. Dicha habilidad descriptiva la hereda del naturalismo anterior, aunque de manera bien distinta a lo que se puede ver del movimiento, como por ejemplo La Regenta, descrito por Martínez Torrón (2015, 394) como detallismo oneroso para el siglo XX. Uno de los elementos clave para entender el estilo breve pero efectivo de Valle-Inclán tiene que ver conque escribe para personas con rapidez mental y habituadas a las imágenes dinámicas. 

Por tanto, el estilo visto en El Ruedo Ibérico es un estilo creado por él mismo, de ahí la novedad y la ruptura con el tipo de narración y estilo visto hasta ese entonces. Se nos ofrece, a partir de intensos vocablos, un mundo sugerente de visiones, de descripciones pictóricas completas con apenas dos palabras, elemento que se acrecienta en la obra objeto ya que podemos ver una gran diferencia del uso de las descripciones en el principio del Ruedo con las descripciones vistas en el final, una evolución favorable y con un fin magistral, donde Valle-Inclán muestra una vez más su maestría a la hora de escribir y describir situaciones. 

Ya tuvimos un antecedente en una de sus obras dramáticas más famosas de la época, Luces de Bohemia, donde el uso de las acotaciones es transgredido a un nivel literario, dotando a las mismas de presencia dentro de la misma obra, donde podemos sentir en algunos momentos que el paradigma teatral desaparece, dando lugar a un teatro más narrativo que dramático. Como ejemplo claro del antecedente descrito nos remitiremos a la Escenas V y VI de la obra dramática antes mencionada, donde se puede ver esta dualidad en el uso de las acotaciones. Estas dos escenas no están escogidas al azar, puesto que dichas escenas pertenecen a ediciones diferentes. La obra mencionada fue publicada en 1920, aunque se data de 1924 todas las ediciones actuales, debido a que en dicha edición se añadieron escenas nuevas, como por ejemplo la escena VI. Volviendo al asunto a comentar, en la escena quinta ya podemos ver las acotaciones descritas como supuestas simples anotaciones, que nos aclaran ciertas situaciones y gesticulación de los personajes, aunque leyendo con detenimiento podemos ver que no es así. Como ejemplo a adjuntar a dicha explicación, cito del texto en sí la siguiente acotación: “La niña Pisa Bien, despintada, pingona, marchita, se materializa bajo un farol con su pregón de golfa madrileña”. Acrecentando esto, en la escena siguiente, el tono de las acotaciones sigue en la misma línea, dando lugar a descripciones como “Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.”. La acotación, más que como una indicación, actúa de manera narrativa, haciendo perder fuerza a la dramatización y dotando a la obra de un carácter narrativo y descriptivo, algo que el teatro solo logra mediante la representación. 

Volviendo al libro objeto, Valle-Inclán consigue describir con pocas descripciones no solo el aspecto físico, sino además consigue plasmar la psicología de un personaje. Esto dista mucho de la corriente de la que el autor bebe, debido a que, si leemos obras como la anteriormente mencionada, culmen del naturalismo, las descripciones son abundantes y exactas gracias a la extensión de las mismas. La virtuosidad de Valle-Inclán radica, a modo de síntesis, en crear una visión pictórica, la habilidad de fotografiar el momento y mediante una sencilla descripción, mostrar al lector dicha imagen completa y detallada. No se entretiene en ello, con un leve esbozo consigue realizar visiones completas de manera efectiva. 

Siguiendo con el estilo de este autor, y enlazando con lo mencionado antes, podemos apreciar que una de las características principales de la obra comentada en este trabajo, es que se le quita importancia al tiempo de la obra, y se lo otorga a las descripciones, es decir, aquella persona que haya leído el texto se dará cuenta que realmente el tiempo no avanza apenas, pero sin embargo obtenemos una ventana donde podemos observar con nitidez un mundo completamente completo.

2. LAS DESCRIPCIONES DE LA ÉPOCA: GALDÓS Y MARIANELA.

Si bien hemos mencionado el potencial descriptivo en la obra de Valle-Inclán, realmente solo teniendo en cuenta a dicho autor no podemos apreciar dicha habilidad con respecto a otros autores de la época. Si bien es cierto que anteriormente he mencionado obras como La Regenta, rica en descripciones arduas y complejas, a la vez que extensas, no podemos olvidar tampoco a uno de los autores más característicos del realismo, corriente donde las descripciones tienen la misma función ilustrativa, tal y como es el autor canario Benito Pérez Galdós. 

En la obra escogida para comentar en este trabajo tenemos Marianela, cuya fecha de publicación está datada en 1878, una de las obras más carismáticas del autor. Haciendo un breve resumen del argumento, dato que apunto no es relevante en la historia, pero sí a la hora de comentar las descripciones dadas en este libro, se nos presentan principalmente dos personajes: Marianela, una joven “fea y deforme” descrita en el texto, se enamora de Pablo, una persona ciega, quien le hará de lazarillo. La historia, sin entrar en detalles, trata la belleza tanto física como interior, además de la propia relación sentimental. Antes de hablar de las descripciones que Galdós realiza en la novela, debemos tener en cuenta el movimiento al que pertenece esta obra, como es el realismo. En efecto, el autor canario es conocido como uno de los grandes del movimiento, y esta una de las obras más conocidas de este, por lo que describiré brevemente en qué consiste el movimiento. Definido en Historia y crítica de la literatura española (1994) por Francisco Rico, el movimiento consiste en la confesión del novelista de su intención mimética de presentar casos y cosas de la vida humana en los libros de imaginación, voluntad que adquiere elementos arqueológicos. Bien es sabido por todos que el realismo se compone de una ruptura total con el movimiento romántico, teniendo como principal sustancia la elaboración de historias tomando como base la propia naturaleza, o dicho de otro modo, imitando lo existente, lo real.

Tras definir el realismo, podemos abarcarnos dentro de las descripciones del autor. No es descabellado afirmar que cuando nos dirigimos a leer un texto realista, lo que salta a la mente del ávido lector es la descripción, puesto que un movimiento que se basa en la narración de la vida cotidiana y de situaciones “reales”, son las narraciones y diferentes descripciones que se pueden encontrar. Este es el caso de la descripción encontrada justo al principio de la novela de Galdós referente a Pablo: 

“Hombre de mediana edad, complexión recia, buena talla, ancho de espaldas, resuelto de ademanes, firme de armadura, basto de facciones, de mirar osado y vivo, ligero, a pesar de su regular obesidad y excelente persona por dondequiera que lo mirara. Vestía un traje propio de los señores acomodados que viajan en verano (…)”.  

De la descripción en sí hay mucho que comentar en tan poco margen de palabras, como que Galdós apuesta por una descripción física para pasar a una descripción más psicológica. Va de lo más generalizado, como la edad y complexión, hasta detenerse en la personalidad de este, dicho por el mismo autor como una persona agradable. Con esta descripción Galdós consigue, en primera instancia, capturar el instante en el que el personaje aparece, como si de una fotografía se tratase. Es curioso que cómo Galdós, de manera más o menos breve, consigue situarnos en un espacio determinado, con un personaje como protagonista de la escena descrita y hacer al lector partícipe de la acción, como si fuera un observador de la historia. 

No sólo podemos apreciar la descripción realista en un solo texto, y tampoco hay que dejar atrás que las descripciones contienen el pensamiento del propio autor, como puede apreciarse en la descripción que hace de Nela:

“…era como una niña, pues su estatura debía contarse entre las más pequeñas, correspondiendo a su talle delgadísimo y a su busto mezquinamente constituido. Era como una jovenzuela, pues sus ojos no tenían el mirar propio de la infancia, y su cara revelaba la madurez de un organismo que ha entrado o ha debido entrar en el juicio. A pesar de esta disconformidad, era admirablemente proporcionada, y su belleza chica remataba con cierta gallardía el miserable cuerpecillo. Alguien la definía mujer mirada con vidrio de disminución; alguno, como una niña con ojos y expresión de adolescente. No conociéndola, se dudaba si era un asombroso progreso o un deplorable atraso.”

En dicha descripción podemos apreciar un aspecto notorio en la obra de Galdós, como es la familiarización con los personajes, en especial con los personajes no aceptados por la sociedad, porque como podemos apreciar en el texto, a Nela la describe con ternura, tratando los supuestos defectos con cariño, dotándolos como si fueran virtudes, algo que realmente nos damos cuenta de que no lo es. Nos hace ver a una Nela con defectos, pero le quita importancia. La describe como es, pero le otorga cierta simpatía, y fruto de ello es el encariñamiento que los lectores que se adentren a leer su historia pueden desarrollar. 

Siguiendo un poco con el hilo de la subjetividad de Galdós con sus personajes, en especial con los personajes femeninos, otro ejemplo claro de ello sería el trato de Las Troyas en Doña Perfecta, donde dichas mujeres son tratadas de manera despectiva por los habitantes de la ciudad donde sucede la historia, pero las descripciones del autor indica cierto cariño a la hora de describirlas, y en cierto modo parece sentir pena de la situación que pasan en la novela.

A modo de resumen, Galdós realiza las descripciones con bastante maestría, con una literariedad bastante elevada, con descripciones bellas de leer, y que a más de un lector se le habrán quedado en la retina. Prueba de ello, de la descripción afectiva, puede ser el intento de suicidio de la propia Marianela, luego de ser rechazada por Pablo:

“La Nela avanzó después más rápidamente. Al fin corría. Golfín esperó, y con paso muy quedo, acércose más. Choto estaba enfrente a la Nela, echado sobre los cuartos como una esfinge. La Nela miraba hacia abajo…De pronto empezó a descender rápidamente, más bien resbalando que corriendo. Como un león, se abalanzó Teodoro a la Sima, gritando con voz de gigante (…).”

Galdós se apena de la situación de Marianela. Se apena de todo lo que sucede, y con esta fría y sobrecogedora descripción y narración de lo que está sucediendo lo hace saber. Sabe que Marianela no soporta el dolor, que está sufriendo, que no puede más, y ese sentimiento hace que la narración del momento sea tal y como se puede leer. 

En conclusión, y por ello queda dicho el motivo de escoger a este autor en concreto para este escrito, Galdós realiza las descripciones de la misma manera (funcionalmente hablando) que Valle-Inclán, por lo que hacer una comparativa de ambos tipos de descripción de estos dos autores no es descabellado sino acertado, debido a que son dos maneras de llegar al mismo hecho: la descripción majestuosa de distintas situaciones, lugares y hechos, además de descripciones físicas y psicológicas. 

3. VALLE-INCLÁN Y GALDÓS: DOS MUNDOS DESCRIPTIVOS DIFERENTES QUE LLEGAN A UN MISMO FIN.

Y aquí, tras explicar la maravilla descriptiva de Valle-Inclán, y tras mostrar la descripción afectiva y magistral de Galdós, podemos establecer una serie de semejanzas y diferencias entre ellos, argumentadas en 3 puntos diferentes:

3.1 – Estilo.

Sobre este punto, vemos una clara diferencia entre ambos autores. Mientras que Galdós apuesta por descripciones (no tan) cuantiosas, de duración más o menos extensa, tal y como podemos apreciar en las descripciones mencionadas anteriormente, ValleInclán apostaría por descripciones sumamente breves, casi de una sola palabra, para mostrar el mismo efecto visual que Galdós. Ya podemos ver, que en este punto Valle tendría una mayor maestría y dominio de la narración, puesto que, pese a que la diferencia de palabras es abismal, plasma un mundo posible con la misma efectividad que la de Galdós. Ante todo, mencionar que con esta afirmación no se pretende situar a un autor por encima de otro, sino delimitar los límites que cada una de las perspectivas descriptivas ofrece, teniendo como resultado una narración más extensa pero sencilla de realizar por parte de Galdós, y una narración mucho más acotada pero compleja por parte de ValleInclán.

3.2 – Intencionalidad de la descripción y de la narración.

Ambos autores coinciden en este aspecto, debido a que en cada una de sus obras podemos ver intencionalidad con según qué descripciones y narraciones. Prueba de ello en Galdós podría ser el ejemplo mencionado antes en el anterior apartado, y es la descripción de Las Troyas, personajes secundarios en Doña Perfecta y que el propio autor dota de una ternura y de un cariño especiales, contrastando con la visión del mundo dentro de la propia novela. Otro ejemplo claro de intencionalidad a la hora de narrar ciertas situaciones podría delimitarse, dentro del mismo autor, en las descripciones de Nela, en la narración de su historia y en el antes mencionado intento de suicidio.

Sin embargo, en Valle-Inclán es un poco diferente. Diferente no en la intencionalidad con según qué narraciones, sino en la manera que manifiesta esa intencionalidad. En efecto, cualquier persona que quiera atreverse a viajar por las páginas de El Ruedo Ibérico encontrará la ideología de Valle, pero no es una ideología mostrada de manera clara, sino mostrada como pequeñas pinceladas de su pensamiento, como pequeños retazos de un pensamiento lejano esperando a que el lector los vaya uniendo en ese afán de ser completo. 

3.3 Sentimentalidad con los personajes femeninos.

A través de ambos autores, podemos delimitar una cierta preferencia a la hora de la narración de los personajes femeninos. Normalmente, tanto en un autor como en otro, dichos personajes están colocados a un distinto nivel que los de los personajes masculinos, por lo que este podría ser un motivo de creación de dichas descripciones.

En el caso de Valle-Inclán, un personaje femenino con el que podemos establecer alguna relación afectiva conforme van pasando las páginas podría ser La Sofi, personaje recurrente en capítulos como Alta Mar, perteneciente a Baza de Espadas, donde podemos apreciar su historia de amor fallida con su chulo, debido a que La Sofi está subordinada por el personaje pertinente, debido a que ella ejerce la prostitución. En el siguiente texto podemos apreciar, mediante las descripciones referidas a La Sofi una cierta posición hacia este personaje:

“La Sofi, con el moño deshecho y las horquillas sueltas, se quejaba en otra litera pareja: —No me atormentes, Inda. Calla, por favor, que se me saltan las sienes. El tuno remató un arpegio con muchas florituras y, alargando el zancajo, hizo rodar el balde que la desgreñada tenía a su cabecera. —¡A ver, tú, si te enciendo el pelo para que dejes la monada! —¡Y serás capaz, mala sangre! El chulo volvió a teclear, con un postinero entorne de párpados: —¡Parece que no me conoces! La rubiales se incorporó, oprimiéndose las sienes, y salió del camastro, desatadas las faldas, un pecho fuera: —¡Verdugo! Arrimada a la litera, se metía los zapatos. Indalecio ponía en la coima un ojo atravesado: —Cúbrete ese pecho, relajada. — ¡Vas a enseñarme tú decencia! —¡Y tanto! La prójima, sin cubrirse el pecho desnudo, se ataba las faldas: —¡Pirante! —¡Abotónate! —¡Y que me quede con el fandango al aire! —¡Abotónate, so pingo! —Cuando me ataque las enaguas… —¡Que vas a ganarte una solfa! El chulo había soltado el acordeón y se rascaba tras de la oreja. La coima se descaró con un impulso de rabia: —¡Luzco lo mío! —¡Tirada! Indalecio la tomó del moño, zarandeándola con requemada soflama:

—¡Lo tuyo…! Guárdate esa gaita… ¿Tienes tú algo, so pendón…? ¡Lo tuyo! ¡Esto es lo tuyo! De un revés le llenó la cara de sangre.”

Conforme la acción va sucediendo, se va creando un ambiente crudo y cruel hacia este personaje femenino, de manera que Valle, a través de su majestuosa prosa, es capaz de otorgarnos una ventana por donde observar, atónitos, la escena de maltrato que se está dando lugar. En cierto modo, y pese a que Valle Inclán, como crítico que es, nunca muestra su ideología, al igual que tampoco muestra su posición sobre dicha ideología, aunque en ciertas partes podamos apreciar el decante que éste tiene sobre ciertos aspectos. Si es cierto que, y esto es solo una mera posibilidad de tantas que puede ofrecernos la lectura del fragmento mostrado unas líneas más arriba, el simple hecho de una descripción y narración de dicha situación de manera meticulosa nos puede hacer pensar en que una de sus intenciones con la narración es hacernos ver la maldad dentro de Indalencio, y el maltrato que realiza a La Sofi, personaje con el que podemos adoptar cierta pena, rabia e incluso ternura y cariño.

Sobre las narraciones referidas a personajes femeninos por parte de Galdós, ya hemos comentado antes la situación con dos personajes diferentes, tal y como son Las Troyas y la propia Marianela, aunque en este caso, un personaje parecido en el tema del amor imposible, tal y como se puede leer con la historia de Indalencio y La Sofi, es Tristana, protagonista de la obra homónima.

            Dicho personaje se pasa la gran parte de la obra a esperas de un amor imposible, y encadenada a un matrimonio por conveniencia desde temprana edad, donde sufría maltratos y vejaciones hacia su persona. La historia de Tristana es un claro ejemplo de cómo las adversidades y los contratiempos de la vida pueden transformar un espíritu decidido a luchar contra su destino en un espíritu que se resigna al sufrimiento, a la soledad y al destino marcado. Podemos ver ciertas semejanzas en los personajes descritos en este punto, sobre todo en la marginación que sufren: La Sofi es prostituta, figura mal vista por la sociedad por motivos claros, Tristana es una niña casada con un señor mayor, Las troyas son prostitutas por necesidad (de la misma manera que Sofi) y marginadas desde la muerte de su padre, marginadas por no seguir a fin de cuentas un modelo de mujer decimonónico, y a Marianela, un personaje marginado por su aspecto. De cierta manera, hay semejanza en el tratamiento entre ambos autores referido a las mujeres, teniendo en cuenta a los personajes descritos.  

 Como conclusión de este apartado, ambos autores dominan el estilo descriptivo y narrativo hasta elevarlos a niveles satisfactorios literariamente hablando, pero podemos apreciar cierta ventaja por parte de Valle Inclán debido a su maestría con las descripciones breves y con la capacidad de plasmación de estampas que quedan en la retina de los lectores.

CONCLUSIÓN

Con el presente trabajo se ha pretendido mostrar las capacidades estilísticas de Ramón María del Valle-Inclán, escritor cuanto menos interesante en ese sentido. Sobre su estilo en si, tal y como hemos podido observar, podemos delimitar un estilo cuidado, medido y con complejidad, que como consecuencia muestra de manera sublime un mundo lleno de posibilidades. Así mismo, dentro de las mismas descripciones Valle inscribe de manera sutil su ideología, su pensamiento y visión del mundo, además de un claro ejemplo que indica que no hay que realizar arduas narraciones sobre algo de tamaño considerable para reflejar la sociedad de una época concreta, en este caso y siguiendo el libro objeto cogido en este trabajo, El Ruedo Ibérico, la época acontecida en la segunda mitad del siglo XIX, donde hace un trabajo excepcional. También apuntar que, aunque la obra abarca muchos temas, conversaciones, lugares y personajes célebres de la historia de España, todo ello no sería posible sin una narración, una descripción, y en general un estilo que esté a la altura de las circunstancias, y es aquí donde el texto cobra un sentido completo, siendo dirigido por la maestría del maestro del esperpento. En definitiva, y poniendo punto final a este trabajo, Valle-Inclán plasma una manera nueva, eficaz y maestra de narrar, además de ser un claro precedente para los autores venideros, y objeto de estudio casi un siglo después, con razón de causa. No es descabellado afirmar, con el presente trabajo, que Valle Inclán es un virtuoso con sus textos, y con el dominio de la lengua en todas sus vertientes, desde el (no tan) simple hecho descriptivo notable, sino en el uso de vocablo, expresiones y coloquios propios de la época. 

BIBLIOGRAFÍA

Martínez Torrón, D. (2017). Al hilo del Ruedo Ibérico: Valle Inclán y su leyenda, Granada.

Valle-Inclán, R. (1924). Luces de Bohemia (2º ed) Cátedra, Madrid.

Pérez Galdós, B. (1878). Marianela (4º ed) Austral, Madrid.

Narrativa breve de Valle-Inclán en “El Ruedo Ibérico”

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Ángel Ramírez Aragón

Me llamo Ángel Ramírez, actual estudiante de Administración y Finanzas, amante de la literatura hispánica, y por supuesto con ganas de contar las historias que yo leo desde un punto de vistas diferente. Twitter @itsmexngel - Instagram @lobopolaris

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