“El agua de lluvia hace crecer el cabello” presentado por su autora

Cómo y cuándo publicar un libro es una decisión muy personal y, en cierto modo, una inclinación natural de todo aquel que escribe. En mi caso, después de una trayectoria silenciosa de cuentos, de historias perdidas en saco roto y de toda una vida de cuadernos garabateados que no vieron la luz, empezó a gestarse en mí la necesidad de vivir el nacimiento de mi primera novela.

Y puedo asegurar que es ésta una sensación increíble de satisfacción y de orgullo. El camino es lento y costoso como en toda carrera de fondo, trabajada día a día, con entrenamiento y esfuerzo.

El agua de lluvia hace crecer el cabello
El agua de lluvia hace crecer el cabello

El agua de lluvia hace crecer el cabello, salió al mercado en el mes de octubre de 2019 y fue presentada en sociedad, por primera vez, en la Fundación Fernando de Castro en diciembre del mismo año.

La novela nació en el Caribe, de vacaciones en un lugar delicioso, soleado, con playas de arenas blancas. La vista de ese lienzo desde una ventana me impulsó a escribir las primeras líneas. Pocos días más tarde tenía el título y sin embargo quedaba todo por hacer. No puedo decir que hubiera tejido ya la tela que la sustentaría, pero la sentía dentro, eso sí.

Con aquel comienzo conocí a la protagonista en las primeras líneas. Conocí también su mundo, la atmósfera que la rodeaba.

Poco a poco fui avanzando en aquella vida recién iniciada. Sin proponérmelo el personaje principal, M. Josefine, tomó entidad y a lo largo   de las páginas fue evolucionando, independizándose de mí.

Analizando esta circunstancia después, comprendí aquello que se dice de que todo lo que el escritor lleva dentro, en un momento u otro, acaba formando parte de sus personajes.

La historia que había concebido de una manera resultó diferente al avanzar. El final se convirtió en otro.

La enorme afición que tengo por la pintura marcó desde el principio la idea de la portada. Pintaría algo que se identificara con la historia. El escaparate de una tienda de moda en un país tropical, lleno de sombreros, con el simbolismo que éstos tienen en la novela, sería la elección final.

A partir de ahí el libro fue tomando consistencia. Estábamos a principios del siglo XX, en una época de convulsiones políticas, en unos lugares cuyos nombres había cambiado por otros con alusiones históricas, con la intención de que el lector los identificara y los asociara a sus recuerdos, sus vivencias o sus sueños. De esta manera la historia podría ser más suya.

Como anécdota, el título. Muchos lectores me han preguntado por él. En aquel mismo lugar en el que nació la novela, una niña pequeña me sorprendió con esa pregunta a su madre, a la vista de un tremendo chaparrón tropical de aquellos que calan hasta los huesos.

Aquella frase yo la había oído muchas veces en mi casa. De niña había creído que el agua de lluvia haría ese milagro. Me pareció un entrañable homenaje a mi infancia, a la mulatita que la dijo y a aquellos tiernos recuerdos que guardamos como tesoros.



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