El hobbit me ha gustado, pero no mucho.

El hobbit me ha gustado, pero no mucho. Sí, este es el título del artículo y, asimismo, la forma tan fatídica que utilizo para abrirlo. Veréis, me leí esta novela de Tolkien por presión social. Todo el mundo me decía que debía darle una oportunidad, que me iba a fascinar y que lo iba a disfrutar como una niña pequeña disfruta del olor a libro nuevo.

Cabe destacar que antes de adentrarme en la aventura de ida y vuelta de nuestro amigo Bilbo Bolsón, me vi obligada a ver la trilogía El señor de los anillos en versión extendida y posteriormente todos los análisis musicales, de guion y casi todos los vídeos habidos y por haber que versaran sobre este mundo de fantasía creado por el escritor. Para qué mentiros… Si no las hubiese visto pseudobligada, todavía estarían en mi lista Películas que me son indiferentes y me hacen demasiada ilusión verlas. Sé que es un título un poco largo para una lista, pero a mí me parece correcto.  En fin, sigamos con este relato. Os contaba que las vi por presión social y obligada —debería recalcar que también prometí no dormirme con las películas—; ahora es cuando viene el giro argumental de la trama: la trilogía (audiovisual) me fascinó. Pasó de ser una obra totalmente indiferente en mi vida a estar presente de una forma u otra. De hecho, en el momento en que estas palabras están siendo plasmadas en el ordenador, mi canal auditivo está gozando la banda sonora de las tres películas. Tengo una carpeta en diferentes plataformas para guardar los vídeos y el contenido que la gente crea sobre las películas y a veces tengo sueños extraños con Orlando Bloom cantando They’re taking the hobbits to Isengard. También reconozco que lloré en algún momento que otro de las películas.

Evidentemente, por este motivo decidí darle una oportunidad a esta historia. Del odio al amor hay una fina línea, por lo visto… Todo el mundo me decía que me leyese primero El hobbit porque resultaría mucho más sencillo. Mi final ya ha sido expuesto al principio: me ha gustado, pero no mucho. Esta frase es necesario matizarla y desarrollarla dentro del contexto en el que verdaderamente se encuentra. Así que vamos allá.

El hobbit es una obra sencilla. Sí, la gente me prometió algo poco complicado, y tenían razón. Quien avisa no es traidor. No obstante, y a pesar de que hay capítulos en los que la complicación lectora aumenta, en general la obra no es difícil seguir. Si bien es cierto que el ingenio de Tolkien se vislumbra gracias a ciertas escenas, como por ejemplo las que hay entre Gollum y Bilbo Bolsón o entre Gandalf y Beorn —ambas maravillosas—, hay ciertos puntos a los que creo que se les debería haber dado mayor importancia. Sinceramente, al libro le falta más epicidad (la RAE no recoge este término en su diccionario, pero «Puede documentarse el uso ocasional de «epicidad» con el sentido de ‘cualidad de épico’. Es un término bien formado y no se censura su empleo. Existe una propuesta de estudio para incorporar esta voz al diccionario académico»). Sí, este es el término que busco.

Con esto no quiero decir que la novela debería adentrarse en la fantasía épica y abandonar el propósito con el que fue escrito. Recordemos que esta novela estaba destinada a entretener a los hijos de Tolkien, no era una historia que se escribiese solo para su posterior publicación. No obstante, hay veces que me falta un je ne sais quoi que obviamente conozco y voy a desarrollar.

Algunos de los comentarios que me rondaban en la cabeza fueron «Ah, así consigue Bilbo Bolsón el anillo», «Anda, ¿no debería suponer esto un mayor reto del que están viviendo?» y, personalmente, mi comentario favorito «Bueno, es una pena que este personaje haya muerto así, aunque aquí se ve su arco de redención. Debería tenerle pena, pero es que no me ha dado tiempo a conocerlo demasiado».

Este último comentario me viene de perlas para exponer lo siguiente: no llegamos a conocer demasiado bien a los personajes. Es una historia muy corta para meterme las fantásticas aventuras de Thorin Escudo de Roble y compañía (Dwalin, Balin, Kili, Fili, Dori, Nori, Ori, Oin, Gloin, Bifur, Bofur, Bombur) junto con Bilbo Bolsón.

Siento que debería haber una mayor armonía entre acción (entiéndase como cosas que suceden en la novela) y la justificación de estas acciones. La psique y el mundo interior de los personajes se deja de lado en pro de la aventura, por lo que a veces cuesta justificar las decisiones que toman personajes —sobre todo los que más participan en la historia, porque muchos están de puro relleno.
Entiéndaseme, por favor. No pido una trilogía con la historia de Bilbo Bolsón… Aunque sí unas páginas más para poder conocer mejor sus historias personales, tan importantes para poder desarrollar bien una trama como la acción en sí. 

Lo épico de la historia pasa demasiado rápido. En los puntos álgidos, sobre todo en la desolación de Smaug y posterior batalla (utilizo aquí el título de la segunda película para situarnos en el espacio tiempo para aquellos que se hayan leído la novelan comprendan a lo que me estoy refiriendo sin necesidad de destriparle al resto la novela), no se pueden disfrutar de los momentos de tensión en la narración. Una batalla bien descrita y estructurada debería poner al lector de los nervios. Todo sucede y acaba de una manera bastante neutra. El narrador no se toma la molestia de crear una atmósfera envolvente, sino que sigue relatando la aventura como si una guerra entre los habitantes de las tierras de Tolkien fuera algo en lo que no mereciese la pena detenerse.

En fin, queridos lectores. El hobbit me ha gustado, pero me veía en la obligación de contarle al mundo que me ha parecido una novela que en mí no ha trascendido. Estoy deseando tener un hueco, hacerme unas palomitas en el microondas y sentarme para ver tranquilamente, en la soledad de mi habitación, la versión audiovisual de tres películas que hizo Peter Jackson. Quizá aquello que me falte en la novela lo encuentre en las películas… Quién sabe.



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