La historia de Charles Dickens

Es común acordarnos de nuestro querido Charles Dickens en esta época del año, al escuchar “Cuento de navidad, pero ¿quién era realmente este escritor?

Nos remontamos a la era victoriana. Un hombre británico nacido el 7 de febrero en Inglaterra, creció en una familia de clase media que se enfrentaba a una constante inestabilidad económica debido a las deudas de su padre, por lo que sus estudios nunca pudieron ir mas allá. La crisis económica y, sobre todo, emocionales que vivió en su adolescencia marcaron su vida, influyendo en su obra como adulto al convertirse en un artista principalmente autodidacta, que trasladaba escenarios y situaciones realistas a la ficción.

En mayo de 1827 empezó un empleo formal en un Bufet de procuradores Ellis & Blackmore. Años más tardes, Dickens cambio de empleo para dedicarse a ser taquígrafo judicial. Y en cuestión de un año empezó como reportero convirtiéndose en cronista parlamentario del True Sun. En 1834, el diario Morning Chronicle lo contrató para dedicarse al periodismo político. Sucesivamente trabajó para ellos durante toda su vida, pero su peculiar forma de escribir revolucionó las técnicas actuales.

Y es que, da igual el siglo o el año que sea, no hay nada que nos llame más la atención al ser humano, que una persona que arriesga con todo, hasta con lo imposible. Como hizo Charles Dickens.

Charles Dickens
Charles Dickens

Causó polémica por las temáticas en su literatura, que realmente eran una proyección de todo lo que vivió en su infancia y que contrariaban las ideas de su época; como la esclavitud y la diferencia de clases.

Las constantes críticas sociales, principalmente a la aristocracia y a la burocracia con un humor satírico muy particular, fueron su sello distintivo.

Llego a crear el termino Dickensiano, que, a día de hoy, se utiliza para describir algo que está en malas condiciones sociales o para hablar de un personaje odioso. ¿Sabíais eso?

Se casó en 1836, y de aquel matrimonio salieron nada más y nada menos que diez retoños. La fama de Dickens fue creciendo, como se diría ahora, era un fenómeno de masas. Dudo que tuviera mucha competencia si aun estuviese vivo.

Entre 1836 y 1841 salieron a la luz, Oliver Twist, un relato auténticamente biográfico y que se dio publicado en distintas entregas. Poco después, La tienda de antigüedades, obra que triunfó en Inglaterra y América. Con todas estas obras, el hombre ganó una gran reputación, y en 1841, fue nombrado hijo adoptivo de Edimburgo. Sin embargo, en Estados Unidos lo rechazaban por haberse dedicado a gritar en conferencias temas de esclavitud – No sé de que te extrañaba que te odiasen entonces, Dickens – Pero el escritor supo metérselos en su bolsillo en el 1843 cuando publicó Canción de Navidad. Novelaba que envolvía la calidez estadounidense en esa época del año. Después de tantas buenas palabras en aquella publicación, se olvidaron de que en algún momento Dickens, mencionó la esclavitud.

Pero nada se comparó a David Copperfield. Del cual, llegó a vender más del 100.000 ejemplares en poco tiempo.

Y como detalle, fue el primer escritor en utilizar la palabra detective en sus novelas. Arriesgando siempre, Charles.

En 1858 se divorció, ya agravando grandes problemas de salud, pero ojo, cuentan que su mujer harta de manejar la fama de un marido tan reputado y el estrés de cuidar diez hijos durante tantos años prácticamente ella sola, antes de divorciarse de Charles – Acto que estaba muy mal visto en aquella época y más viniendo de una persona tan distinguida –  llamó a su hermana para que le echase una mano, y las malas lenguas comentaban, que esta fue la desencadenante del divorcio, puesto que Charles se enamoró de ella. Pero, aun así, él, siguió manteniendo la casa y a su esposa durante veinte años más. Hasta morir.

A veces calificamos a las personas por un acto que han cometido en su vida, quizá en el Dickens fue escribir Oliver Twist, David Copperfield o Cuento de navidad. Pero está claro que siempre hay algo más detrás de la coraza humana que nos recubre por el exterior. Somos más que imagen, que un físico, que unas letras, o el titulo de una novela. Ante todo, somos personas. Personas con suerte. A los diez, a los treinta o a los sesenta años. Personas que nunca son tocados por la varita mágica, pero pueden marcharse del mundo diciendo que han tenido otro tipo de suerte. Al fin y al cabo, la suerte es relativa, para cada uno es diferente. Seguramente lo que la mujer de Charles entendía por suerte, era criar a sus diez hijos con su marido más cerca.

Lo que está claro es que todas las personas lidian una batalla por dentro, una que tu no ves ni verás.

Nunca juzgues otros zapatos que no sean los tuyos.

Por que la suerte, existe, solo tenemos que encontrarla.

¡Feliz año!



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